
Las salidas en la mañana últimamente me han dado frío, algo que no ocurría unos meses atrás cuando la maldita Tierra estaba mucho más cerca del "Astro rey", pero el camino que sigo día a día me hace preguntarme porqué me como la ensalada con limón siendo que para disparar una pistola es indispensable la pólvora.
Cuando cruzo la calle me pregunto porque nadie luce radiante y contento a esa hora, probablemente si tuviera un espejo encontraría mi propia respuesta pero perdí mi espejo en la guerra, así es, no nos dejaremos avasallar por el enemigo y el coraje será por siempre nuestro fiel aliado, lo cual podría considerarse un hecho absolutamente inherente a la locura que me aqueja en este momento.
Sigo mi camino del día a día, por suerte hoy el perro de siempre no se comió mi almuerzo, ya que si lo hacía por vigésimotercera vez probablemente tendría que recurrir a recitarle un poema de Neruda o leerle un capítulo completo de Fuguet (apuesto a que hasta un perro sufriría).
Me acerco a mi destino, pero me demoro porque me pregunto siempre si ya es demasiado tarde. Probablemente si no me hiciera esta pregunta tan a menudo llegaría siempre a la meta; pero si no me la hiciera nunca, no estaría perdiendo el tiempo moviendo los dedos sin complicidad de mi cerebro, ni mucho menos de mi corazón.
Por su atención, muchísimas gracias.
Puede besar a la novia.