En este momento para mí sólo existen dos tipos de personas, dos grupos de seres humanos totalmente opuestos, tanto en su forma de ser, de pensar, de mirar, de vestir, de comer, de respirar. Por un lado tenemos a los moráticos y por el otro se encuentran los diémicos, nombres que acabo de inventar para diferenciarlos.
Entenderemos por moráticos a todo aquél que piensa diecisiete veces o más una cosa antes de realizarla, le teme a la reincidencia del error y a la irresponsabilidad. Tiene planificada su vida completa; a largo plazo (cuantificado en años) tiene pensado ser un empresario exitoso, un médico de categoría, un reconocido abogado o tan sólo un excelente padre o madre de familia. A mediano plazo (cuantificado en meses) pretende cumplir con sus deberes académicos, laborales o familiares. A corto plazo (cuantificado en días o semanas) tiene pensado en estudiar lo que le corresponde, asistir a la reunión programada con anticipación o ir al supermercado por las compras del mes. A plazo inmediato (cuantificado en horas, minutos e incluso segundos) piensa que debe ahorrarse el comentario para no producir malestar en los demás, cree que es mejor quedarse en casa porque la temperatura exterior puede provocarle un resfrío y no se come el postre que sobró porque puede producirle sobrepeso.
Por su parte, los diémicos creen que la palabra planificación es un edificio extraño. Prefieren realizar justo la acción que les puede provocar una satisfacción impagable aún cuando esto signifique que pueda quedar en ridículo. Pero el diémico no le teme al ridículo, él solo vive el momento.
Los diémicos no creen en metas ni el futuro, no preparan proyectos de vida quizás por el miedo a la desilusión o al fracaso y creen que ya tendrán el tiempo necesario para pensar que hacer más tarde. Además, el diémico cree no debe preparar cosas para el futuro pues en cualquier momento puede ocurrir algo que destruya para siempre aquella idea, como un accidente o la repentina muerte que siempre está latente, lo que le produciría el dolor más grande de todos: el dolor del fracaso, el dolor de ver cómo lo programado se derrumba tan rápida y simplemente.
Los diémicos no usan relojes, agendas, calendarios, etc. No los necesitan porque no existe tiempo y la planificación es un edificio muy peculiar. No tienen reuniones a las cuales llegar a tiempo, van al supermercado cuando necesitan algo de urgencia y no piensan que van a hacer mañana, pues su cerebro está ocupado imaginando que hacer en la próxima milésima de segundo.
Toda persona diémica aprovecha al máximo cada minuto de su vida, pues son sesenta segundos menos que tiene para disfrutar el placer de vivir. Es quizás por esto que el "insomnio diémico" es bastante común.
Ambas formas de vida me parecen absolutamente aceptables y es decisión de cada persona el camino que tomará, aunque generalmente estas clasificaciones son genéticamente hereditarias; es muy extraño ver a un diémico hijo de móratico o viceversa.
Aún así hay espacio para todos en este mundo, moráticos y diémicos conviven día a día, muchas veces complementándose e intentando crear el prototipo perfecto: el "diemático".
Lo más probable es que eso no ocurra aún, falta mucho tiempo. Más tiempo del que falta para que al diemático que escribe este ensayo le dé una sobredosis de cafeína.
Tuesday, November 22, 2005
Diémicos y Moráticos
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